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Nos dedicamos a plantar y cultivar arboles porque sin arboles no hay futuro PDF Print E-mail

“Nos dedicamos a plantar y cultivar árboles porque sin árboles no hay futuro”

JUAN VALERO. Fundador y administrador de Maderas Nobles de la Sierra de Segura

“...Son tierras montañosas, áridas para el cultivo pero pródigas para arbolado. ¿Quién diría que fueron en otro tiempo centro de ricas industrias? Hoy todo está muerto. Llevados por un instinto ciego, los hombres talaron los montes: los montes desnudos perdieron la tierra vegetal, arrastrada por las aguas torrenciales. Se creyó que servirían para el cultivo, pero quedaron convertidos en vivas peñas. Los mismos valles fueron menos productivos, porque al faltar los árboles faltó la humedad de las lluvias, sus compañeras, y vino la sequía”.

El texto se refiere a cuatro provincias: Guadalajara, Soria, Segovia y Cuenca. Y, aunque lo parezca, no se ha escrito ahora, ni ayer,  sino en 1927, para el libro El libro de España, publicado en Barcelona en 1928 por una editorial marista que en 1932 pasó a llamarse Luís Vives. Su redacción corrió a cargo de un equipo de pedagogos sin duda influidos por la importante corriente cultural de la época de los librepensadores anarquistas ibéricos, con especial presencia y actividad en Catalunya, vindicadores de la defensa de la naturaleza, precursores y creadores de la biofilia y, como podemos comprobar, tremendamente acertados en sus análisis.

Lo que quizá no imaginaron entonces es que lo peor todavía no había empezado. La gran depredación del ser humano sobre el medio ambiente se desató al terminar la Segunda Guerra Mundial, tal como nos explicó Bill Mollison en una conferencia en la Universidad de las Naciones Unidas en Tokio en octubre de 1996: “....El gran cambio de la agricultura sobrevino justo después de la Segunda Guerra Mundial y sucedió porque muchas industrias que manufacturaban vehículos, gases nerviosos o explosivos se quedaron con gran cantidad de excedentes. Y ¿qué se puede hacer con ellos? Puedes inventarte una guerra con un país pequeño y lanzar todas tus bombas, que es lo que pasó en Vietnam y en Kuwait. O puedes empezar a fabricar venenos que puedan usarse en la tierra, que es lo que sucedió con la industria del gas nervioso, que traslada simplemente su punto de mira a la agricultura. Asímismo, la agricultura permitió reciclar la maquinaria de guerra con los vehículos de tracción y el empleo de fertilizantes, especialmente de fertilizantes de nitrógeno, ocupando a un gran número de industrias que con anterioridad fabricaban explosivos. Por todo ello, podemos decir que la industria moderna está en pie de guerra con la naturaleza”.

Esta guerra sí que la están ganando, de momento. El planeta Tierra, nuestro único hogar, soporta una presión desmedida por parte de una humanidad que parece no saber o haber olvidado que su propio nombre procede del término humus. La deforestación, que ha devorado ya la mitad de los árboles que un día albergó el planeta, crece a un ritmo de 17 millones de hectáreas por año. Consecuentemente, los desiertos avanzan a una velocidad de 6 millones de hectáreas anuales y el calentamiento de la atmósfera, debido a las emisiones de CO2, empieza a tomar carrera. En la década de los 80, el promedio anual de las temperaturas superó en 0,26 grados centígrados al habitual; en los 90, en 0,40 grados; y en los tres primeros años del siglo XXI, en 0,55 grados. Los datos proceden de las aproximadamente 800 estaciones que trabajan con la NASA repartidas por todo el globo terráqueo. De los 124 años regitrados, los 16 más calurosos son todos posteriores a 1980, y los tres que encabezan el ránking se han dado en los últimos cinco años. “El incremento máximo proyectado por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) puede ser de 5,8 grados centígrados más en este siglo. (...) este dato sólo es comparable al cambio registrado entre la última glaciación y la actualidad”, nos advierte Lester R.Brown en su libro Salvar el Planeta.

Ésta es la grave situación, con detalles tan escalofriantes como la desaparición estimada de 17.000 especies de seres vivos al año. Es evidente que debemos reaccionar ya y de todas las formas posibles, aunando intereses sociales, medioambientales, económicos y políticos. Hoy disponemos de la experiencia, los conocimientos y los recursos suficientes como para enderezar la actividad productiva, el consumo, la propia historia... hacia puertos más racionales.

Este cambio de rumbo hacia la sostenibilidad y el futuro mismo del planeta y de la especie humana con él ha de ser protagonizado, y con urgencia, por toda la sociedad. Si la Tierra pierde esta guerra declarada por los mezquinos intereses de los más poderosos, resulta que la perdemos todos, incluidos los insensatos que en nombre de un falso progreso están esquilmando lo que ni siquiera les pertenece.

Maderas Nobles de la Sierra de Segura nació con el propósito de contribuir a ese cambio de rumbo y de meta. Si a los autores de El libro de España les hubieran preguntado cómo actuar a favor del medio ambiente seguramente habrían respondido que plantando cara a la situación, sencillamente, mediante la acción directa.

Si cada año se deforestan 17 millones de hectáreas, tenemos que reforestar 34 millones. Si el desierto avanza 6, tenemos que hacerle retroceder 12. Si las “gotas frías” se ceban sobre cuencas desequilibradas, debemos crear enormes sumideros en las ramblas de avenida para que con las lluvias torrenciales recarguen los acuíferos esquilmados y éstos a su vez provean del agua que requieran nuevas y más grandes plantaciones de árboles. Si nuestro dinero, nuestros ahorros, están en manos de entidades o empresas que no circulan en esta dirección, debemos traspasarlos a quienes demuestren trabajar con criterios de sostenibilidad. Si los gobernantes no quieren ver la dimensión del problema y actuar en consecuencia, presionémosles, consigamos que instruyan los mecanismos para, por ejemplo, que los ingentes medios y capitales dedicados a la “construcción” se deriven hacia actividades respetuosas con el medio ambiente y regeneradoras del mismo, que además cada día van a ser más rentables también en lo económico.

Al tiempo, exijámonos a nosotros mismos ecoeficiencia, responsabilidad social, consumiendo productos y servicios sostenibles, con la menor “huella ecológica” posible. Acudamos a la banca ética, y a la que no lo es obligémosla a serlo. Unámonos (ciudadanos, asociaciones, empresas...) quienes estamos convencidos de la necesidad de este cambio. Elaboremos un decálogo de prioridades que ejerzan de motor de un compromiso social que abarque desde la permacultura y sus aplicaciones hasta la responsabilidad social corporativa, demostrando que se puede generar riqueza y bienestar trabajando a favor de la naturaleza.

Entre socios y simpatizantes de asociaciones ecologistas (por citar a quienes se entiende a la vanguardia de esta inquietud) rondaremos el 5% de la población; y debemos exigir que al menos ese 5% del capital socioeconómico que representamos se utilice como un activador del sentido común que alcance a la mayoría. Debemos ser tremendamente ambiciosos, porque nos lo jugamos todo en esta contienda. El planeta está como está por culpa nuestra. Así que nos corresponde a nosotros, a los seres humanos, invertir la tendencia.

Maderas Nobles propone que nadie tome del común más de lo que sea capaz de devolverle, a ser posible mejorado. Esa es una de nuestras máximas como empresa. Nos dedicamos a la plantación de árboles por varios motivos. El principal es que sin árboles no hay futuro. Si hay un futuro, allí habrá un árbol. En consecuencia, abogamos por el diseño y la aplicación de un sistema justo de ecoauditorías que evalúe el impacto ambiental de las empresas y sus actividades y proporcione los instrumentos de corrección necesarios, entre los cuales y de los más inmediatos es plantar los árboles que por su actividad están consumiendo, directa o indirectamente. Con el tiempo, el consumidor, cada día más concienciado ante estas cuestiones, terminará premiando con su “voto directo” a las empresas que corrijan su impacto medioambiental y castigando a las que no.

Maderas Nobles de la Sierra de Segura está trabajando en estos sistemas de cálculo y próximamente presentará las líneas generales de una campaña que lanzará propuestas concretas a empresas y particulares y que tiene por nombre RESPONSARBOLIDAD. 

 

PRODUCCIÓN SOSTENIBLE DE MADERAS DE ALTO VALOR


Maderas Nobles planta y cultiva especies frondosas de árboles para la producción sostenible de maderas de alto valor y la regeneración medioambiental; y ofrece a la sociedad un producto alternativo, ético y ecológico.

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