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Necesitamos plantaciones forestales bien hechas PDF Print E-mail

JOSÉ SANTAMARTA. Director de Worldwatch

 

La feria BioCultura Madrid 2003 fue el escenario de la primera edición del Observatorio Forestal (organizado por Maderas Nobles de la Sierra de Segura), que aspira a constituirse en un foro permanente de debate y propuestas sobre la gestión forestal sostenible y la protección de los bosques en el que participen todos los sectores implicados. La segunda edición, de ámbito catalán, se celebró en BioCultura Barcelona 2004. Uno de los participantes en el Obervatorio Forestal 2003 y 2004 en Madrid fue el director de la revista Worldwatch en castellano, José Santamarta.

El siglo XX ha resultado catastrófico para los bosques y la naturaleza e iniciamos el siglo XXI con altos niveles de deforestación… ¿Hay algún indicio para pensar que en los próximos años esta tendencia pueda cambiar?

La situación de los bosques, en general, en todo el primer mundo (en Estados Unidos, Canadá, toda Europa Occidental, Japón y Australia) ha mejorado; ya no hay deforestación neta y la superficie forestal está aumentando.

¿Por qué ha ocurrido?

Por el abandono de zonas agrícolas que ya no tienen rentabilidad. Yo creo que esa es la mayor causa. Además, hay mayor conciencia de los ciudadanos, de la población, de las administraciones… En el pasado se taló demasiado, la agricultura se ha intensificado… y más que nada al haber tierras sobrantes pues están recuperando su vocación forestal.

¿De qué va a depender que las tendencias negativas cambien? Hay una multitud de factores y agentes: gobiernos, el movimiento ecologista, los consumidores, la industria…

Todos los factores influyen. La industria maderera y los consumidores, claro, en una economía de mercado tienen una importancia grande. Si los consumidores demandan madera certificada, la industria acabará proporcionándola y las cosas se harán bastante mejor. Es decir, el mercado va a jugar un papel muy importante, tanto por parte de la oferta como de la demanda. Pero, en general, muchos de los problemas que subsisten, sobre todo en países pobres con bosques tropicales (todos los de la cuenca amazónica, los países andinos, países africanos de la cuenca del Congo, Indonesia o Malaisia), pues dependerán también bastante de que se arbitre por parte de los países ricos algún tipo de compensación económica para intentar conservar los bosques por los servicios ambientales que prestan, no solamente buscando una rentabilidad económica. Servicios ambientales desde el punto de vista de la conservación de la biodiversidad, desde el punto de vista del cambio climático, de que no haya emisiones de dióxido de carbono, desde el punto de vista del ciclo hidrológico, de mantener las lluvias y retener las avenidas, impedir inundaciones, conservar el suelo, reducir la erosión… En la medida en que los servicios ambientales se puedan cuantificar y alguien pague por ellos habrá mucho mayor interés por parte de los gobiernos del tercer mundo en conservar sus bosques tropicales.

Los movimientos de los últimos años, a nivel mundial, en pro de la gestión forestal sostenible ¿pueden llegar a alcanzar una fuerza como para cambiar las cosas?

Quizá lo más novedoso e interesante es la certificación FSC (Forest Stewardship Council), que empezó de una forma muy marginal y ya ha ganado una cierta velocidad. La industria ha respondido con otras certificaciones menos exigentes, pero, en fin, algo se mueve en cuanto grandes empresas como Ikea compran maderas certificadas FSC. En la medida en que cunda el ejemplo, va a ser un factor primordial; yo creo que será el más importante.

Yendo a la producción, realizamos esta entrevista en un Observatorio Forestal promovido por una empresa, Maderas Nobles de la Sierra de Segura, que está empezando a hacer plantaciones con afán de sostenibilidad. ¿Cómo valoras este tipo de iniciativas?

Son importantes. El problema es que haya demanda, que alguien compre esas maderas y esté dispuesto a pagar un sobreprecio. Porque también hay que explicarle al consumidor que gestionar de manera sostenible sale más caro. Claro, a la larga es mucho más caro lo otro, pero no exactamente en términos de economía empresarial sino en las externalidades, en los costes externos que esas empresas que producen barato le provocan a la comunidad. Las empresas que producen de forma sostenible internalizan esos costes ambientales y los tienen que cubrir en el precio. En alguna medida tiene que haber una compensación. Los Estados deben regular y prácticamente prohibir la importación de madera de talas ilegales. Sería muy importante que todas las administraciones en toda la política de compras exigiesen madera certificada FSC para todo el mobiliario urbano, por ejemplo. Es muy importantes que las administraciones locales, autonómicas, el Estado compren madera certificada FSC.

Parte del movimiento ecologista no ve con buenos ojos las plantaciones forestales, como competidoras del bosque natural. Las llaman “desiertos verdes”. ¿Cuál es tu opinión?

España es un país que importa más de la mitad de la madera que consume. Siempre que las plantaciones se hagan en zonas adecuadas, es decir, que no se sustituya bosque autóctono con una gran biodiversidad, sino que sea una zona grícola abandonada, entonces, bien. Porque la demanda de productos forestales existe, y no solamente existe sino que, además, en nuestro caso, más del 50% de la madera que consume España es importada, con lo cual estamos trasladando el problema de la deforestación a zonas del tercer mundo. Entonces, tenemos que intentar ser autosuficientes, y esa autosuficiencia lograrla de la forma ambientalmente más sostenible. Es básicamente repoblar zonas agrícolas abandonadas con suelos que pueden tener una vocación forestal. Por razones éticas, ambientales, económicas y culturales es necesario salvar y gestionar de forma sostenible los bosques, y muy especialmente lo que el Instituto de Recursos Mundiales (WRI) llama la frontera forestal, los grandes bosques primarios aún no fragmentados en pequeños pedazos y capaces de albergar poblaciones viables de todas las especies asociadas a un determinado tipo de bosque. Para afrontar los graves riesgos de la deforestación y la pérdida de biodiversidad urgen nuevas políticas, encaminadas a la sostenibilidad, con la creación de más y mayores espacios protegidos, mayor eficiencia en el consumo de madera, establecer normas de etiquetado en la línea del Forest Stewardship Council, aumento del reciclaje de papel y cartón, repoblaciones con especies adecuadas en zonas deforestadas, mayor equidad social que evite la emigración a la llamada frontera forestal, y prácticas de gestión forestal menos depredadoras en la extracción de madera y otros productos forestales, la caza y la pesca, el turismo y el ecoturismo...

 

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